
Publicado el 06 de marzo de 2008
Las alteraciones del sueño en el niño son un síntoma de sufrimiento psiconervioso que puede ocultar la más variada patología. El insomnio puede deberse a un mal hábito, una carencia afectiva, una afección orgánica, un problema familiar, una situación particular...
Puede ser un síntoma aislado o estar asociado a afecciones psicosomáticas como diarrea, temblores etc. Puede existir una cierta inestabilidad psicomotora (es el niño que lo toca todo, no para quieto, incapaz de fijar la atención o de concentrarse en una tarea), o un fondo depresivo (niño triste, pasivo) o cierto grado de ansiedad, que, a veces, alteran el entorno y pueden crear una atmósfera de conflicto que amplifica y perpetúa la inestabilidad.
A veces tiene causas concretas, como el miedo a la oscuridad (conviene dejar una lamparilla encendida toda la noche; si se despierta tiene que tener las mismas referencias con las que se acostó), a la muerte (explicarle que ocurre a personas muy mayores o muy enfermas), a la soledad (compartir habitación con hermanos), a las pesadillas (que las cuente o dibuje puede ser una forma de librarse de ellas), a las dificultades diarias (relacionadas con la escuela, vida social o familiar).
Acostar al niño no tiene que ser una obligación o un castigo. El sueño debe considerarse una actividad positiva. Regule los horarios (aceptando a veces unas modificaciones). Las costumbres de cada noche (el ritual de acostarse) tranquilizan al niño y le ayudan a controlar la agitación. También hay que tener en cuenta que unos necesitan dormir más que otros y que no existe un sueño normal, sino sueños diferentes según los individuos.
La homeopatía es una terapia personalizada que tiene en cuenta las diferentes manifestaciones de cada individuo, no tiene efectos secundarios, no crea hábitos y obtiene notables resultados.
Escrito por Juan José Taracena