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Hay jefes que mandan más de la cuenta

Publicado el 22 de octubre de 2007

Hay jefes que mandan más de la cuenta

«¿Y tú que quieres ser de mayor?». Estoy segura. A esta inevitable pregunta de la infancia, más de uno de ustedes, lectores, contestó en su día de forma contundente: «¿¿¿Yo??? ¡¡¡Jefe!!!». Me atrevo también a asegurar que tal respuesta no era improvisada, que más bien era producto de la observación y la reflexión, consecuencia directa de no pocas airadas afirmaciones escuchadas de boca de los adultos, refiriéndose a los suyos propios (sus jefes).

Porque no hace falta haber perdido aún la inocencia para aprender que los jefes mandan. Que mandan mucho. La soñadora mente infantil (a la que, para que nos vamos a engañar, también le gusta mandar; en primer lugar sobre sus padres, si le dejan) se encargaba después de poner apellidos a la vocación: jefe de bomberos, jefe de peluqueros, jefa de fábrica...

También yo en mi infancia pude interiorizar la premisa; probablemente en algún momento fantaseé con la idea de ser jefa; luego comprobé que, efectivamente, mandan y bastante, los jefes y jefas; y cierto día, incluso, tuve la revelación: para todo hay que valer. También para mandar, quién lo iba a decir. Y si no lo sabe hacer como está mandado por sistema, puede que al jefe sus mandatos se le vuelvan contra sí mismo.

No sospechaba yo que me quedaba aún una lección por aprender. Sucedió en fechas recientes, cuando tuve ocasión de ser actriz en la siguiente escena:

Sobre el escenario (un establecimiento del tipo cafetería-degustación-panadería) hay tres personajes: camarera 1, cliente 1 y cliente 2 (yo misma). Cliente 1 se dirige a camarera 1. Se le nota cierto enfado, pero pregunta con educación.

Cliente 1: -Perdón, hay gente fumando en este local. ¿Aquí se puede fumar?

Camarera 1: -Sí, aquí se fuma.

Cliente 1 (insiste): -¿Por ley se puede fumar aquí?

Camarera 1: -No sé por ley si se puede, pero aquí se fuma.

Cliente 1 abandona la escena, con cierto desconcierto dibujado en el rostro. Entra Camarera 2. Camarera 1, que no parece haberse quedado del todo convencida de lo que ella misma ha dicho, se le acerca.

Camarera 1: -¿Se puede fumar aquí? Me lo ha preguntado un cliente.

Camarera 2: Por ley, no. Pero ha dicho el jefe que sí.

Cliente 2 (servidora) está escuchando la conversación entre ambas camareras. Pregunto:- Por ley no se puede, ¿verdad?

Camarera 2: -No, por ley no.

Creía yo que con la relación entre jefes y leyes pasaba como en tráfico con las señalizaciones. Que la vertical prevalece sobre la horizontal. Parece ser que no; que algunos jefes deciden por su cuenta que el semáforo en rojo manda menos que el ceda el paso. O lo que es lo mismo en este caso, que la ley a ellos ni les va ni les viene.

La Ley 28/2005, de 26 de diciembre, de medidas sanitarias frente al tabaquismo y reguladora de la venta, el suministro, el consumo y la publicidad de los productos del tabaco, dice lo siguiente en su Artículo 7, sobre la prohibición total de fumar: «Se prohíbe totalmente fumar, además de en aquellos lugares o espacios definidos en la normativa de las Comunidades Autónomas, en:
l) Áreas o establecimientos donde se elaboren, transformen, preparen, degusten o vendan alimentos».

Alguien debería preocuparse de hacer cumplir ciertas leyes. Ya no sólo porque también los no fumadores (y especialmente los niños) deben tener posibilidad de poder disfrutar de lugares sin humo. También porque saltarse una norma que en su entrada en vigor fue tan polémica implica hacer competencia desleal al resto de establecimientos del sector. A todos esos locales de cafetería-degustación-panadería que, para cumplir la ley, han debido resignarse a perder a su clientela fumadora. E incluso a aquellos bares que en su momento se vieron obligados a decidir qué cartel colgar (el de «en este establecimiento se permite fumar» o el de «en este establecimiento no se permite fumar»), debiendo responder en consecuencia frente a su clientela fumadora y no fumadora.

Hay un agravante en este caso. Creo que este jefe en cuestión manda en varios establecimientos del mismo tipo en nuestro entorno. Me lo hace pensar el hecho de que en al menos tres locales de igual nombre se hace habitualmente la vista gorda para permitir que, quien lo desee, pueda fumar.

Escrito por Eva Domingo Otero

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