
Publicado el 07 de octubre de 2007
El 40% de los recursos que se consumen en el planeta se utiliza en la construcción. El consumo de materiales en la edificación supone en un edificio típico de los que se construyen hoy día (bloque de viviendas de hormigón armado y materiales cerámicos en tabiquería y fachada) más de dos toneladas por metro cuadrado levantado. Suponiendo la vida útil del edificio en 50 años, el gasto de energía en la fabricación de los materiales puede llegar a rondar el 30% del consumo energético global del edificio.
El consumo energético medio anual de una unidad familiar es alto. Con iniciativas sencillas de ahorro se podría hacer mucho para evitar el cambio climático. Como muestra, un ejemplo: sustituyendo una sola bombilla convencional por otra de bajo consumo en cada hogar del Estado español, se reduciría la emisión anual de dióxido de carbono en la nada desdeñable cifra de 700.000 toneladas. Los pequeños gestos sumados sí pueden dar grandes resultados.
La factura energética de los 13,5 millones de hogares se ha disparado en los últimos años por la instalación de nuevos equipos eléctricos, como el aire acondicionado por ejemplo, y también por hábitos de consumo inadecuados. Si hace unos pocos años la potencia eléctrica mínima instalada en nuestros hogares era de 3,00 kilowatios, en los de nueva construcción es de 5,75 kilowatios; ¡casi el doble!.
Pero la toma de conciencia y de actuación no sólo nos toca a los consumidores. Desde las administraciones se han impulsado una serie de planes y leyes para ir reduciendo en la medida de lo posible los consumos energéticos y de agua de nuestras viviendas: el Plan Renove de calderas y calentadores de gas, el reciente Plan Renove de electrodomésticos y el Canon Ecológico del Agua son iniciativas del Gobierno Vasco para mejorar la eficiencia energética y el medio ambiente.
En cuanto a la gestión de las basuras domésticas y enlazando con el reciente debate, no cerrado, de la incineración en Gipuzkoa, si finalmente se acaba construyendo esta infraestructura, enseguida nos vamos a dar cuenta de que la tasa por la gestión de las basuras va a ir subiendo de precio. La construcción de una instalación de este tipo cuesta muchos millones de euros (hablan de 36, es decir, unos 6.000 millones de las antiguas pesetas), que habrá que ir pagando entre todos, además del funcionamiento de la misma. A pesar de que la incineración se toma como proceso final en el Plan Integral de Gestión de Residuos Urbanos de Gipuzkoa, para aquellas fracciones de basura que no se puedan compostar ni reciclar, también generará residuos: las cenizas de incineración (son tóxicas) y los humos que vierte a la atmósfera. Además, hay que tener en cuenta la ocupación de suelo, que en esta tierra se está convirtiendo en un recurso escaso. Para la construcción de la incineradora se necesitan 10-12 hectáreas (el equivalente a 20-25 campos de fútbol). No para la propia incineradora, sino para el vertedero de residuos contiguo.
Yo creo que la única alternativa “eco-lógica” que nos queda es la reducción, reutilización y el reciclaje de los residuos, promocionar el transporte público y acometer medidas de diseño bioclimático en todas las nuevas construcciones que se realicen. En los últimos años se ha perdido una oportunidad de oro en este último aspecto. Si los siete millones de viviendas que se han creado en el Estado en los últimos diez años se hubiesen planteado con premisas bioclimáticas, habríamos dado un salto de gigante en defensa de nuestro medio ambiente. En cuanto a los residuos, no se deberían gestionar pensando en su destrucción; hay que volverlos a hacer entrar dentro del ciclo productivo. El planeta Tierra es limitado, y sus recursos más.
Un plan doméstico de reducción de emisiones de carbono no implica reducir ni la calidad de vida ni las prestaciones de los electrodomésticos: la cocina, el horno, el agua caliente sanitaria... La eliminación de los consumos de los electrodomésticos en posición de espera (stand by), el ahorro de agua y gas, el reciclaje y la separación selectiva de los residuos en el hogar, la compra y el uso eficiente de electrodomésticos de bajo consumo... son medidas de responsabilidad con nuestro entorno y con las futuras generaciones.
Escrito por Rodrigo Milla