Pasaian

La carrera científica

Publicado el 28 de mayo de 2008

Desde este periódico me piden que escriba una columna sobre cómo se desarrolla la carrera científica. Y ante eso, yo me he preguntado: «¿Qué me llevó a mí a querer dedicarme a la ciencia?». Si mal no recuerdo, de niño siempre me gustó descubrir cómo funcionaban las cosas que andaban por casa. Más adelante empecé a hacerme preguntas del tipo de cómo era posible que de un CD pudiera salir música.

Supongo que esas preguntas, y el hecho de que nunca se acabaran, tuvieron mucho que ver en los estudios que más adelante decidí cursar, y en la carrera profesional que después he decidido desarrollar.

Al acabar el bachillerato, haciendo un balance entre las asignaturas que más me gustaban y la posibilidad de ganar dinero el día de mañana, decidí empezar a estudiar una Ingeniería. Al final la curiosidad y la ilusión por aprender cosas nuevas ganaron a la idea de cobrar un buen sueldo, y al acabar la carrera decidí embarcarme en la aventura en la que estoy metido ahora: obtener un doctorado en Física para poder dedicarme profesionalmente a la investigación.

Digamos que éste no es un camino fácil. Para empezar, las condiciones de trabajo, aunque están mejorando, no son las óptimas. Podría escribir un artículo entero sobre las calamidades de la vida de un becario predoctoral, pero mejor lo dejamos para otra ocasión. No cobramos todo lo que deberíamos, y no gozamos de demasiados derechos laborales, a pesar de que trabajamos y no precisamente poco.

Pero bueno, por otro lado, al menos en mi centro, gozamos de una cosa que no se paga con dinero. Libertad. De horarios y de pensamiento. Obviamente, tenemos un director de tesis, y sin él no seríamos nada. Pero nuestro trabajo es nuestro, y por lo tanto trabajamos sólo en nuestro beneficio. Esto unido a la satisfacción de dedicarse a lo que a uno le gusta y la experiencia internacional que uno adquiere, hacen que el dinero y la estabilidad no resulten tan importantes.

Ahora mismo escribo este artículo desde Suecia, donde he venido por tres meses a complementar mi trabajo en Donostia con un grupo experimental sueco. Dentro de unos dos años, si todo va bien ya seré doctor, y entonces vendrá un nuevo capítulo. La etapa post-doctoral. Para conseguir una plaza fija como científico, con un doctorado no suele ser suficiente. Se necesitan de 2 a 4 años de experiencia internacional. Toca  emigrar un tiempo. Tras esto, se supone que uno ya tiene un currículo competitivo para poder opositar a una plaza fija en el sector público.

Definitivamente, no es un camino de rosas, sobre todo si lo que uno le pide a la vida es poder comprarse una casa y poner una tele de plasma en el salón. Siempre se puede tirar la toalla y buscar trabajo en una empresa, pero, bajo mi punto de vista, sólo por lo que uno aprende y el sentimiento de aportar algo, todo el esfuerzo merece (y mucho) la pena.

Escrito por Aitzol García

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