
Publicado el 12 de marzo de 2008
El aleteo de las alas de una mariposa en Japón puede provocar un huracán en Cuba. Todos hemos oído alguna vez este proverbio chino o alguna de sus variantes. Habla de la teoría del caos, una disciplina matemática nacida alrededor de 1960, todavía medianamente desconocida pero absolutamente presente en nuestra vida cotidiana.
La idea formal de la que parte la teoría es simple: en determinados sistemas naturales, pequeñas variaciones en el entorno pueden conducir a grandes desviaciones en su comportamiento.
Es un concepto parecido a la extensión de un rumor. En ciertas circunstancias, un malentendido o una situación comprometida pueden dar a entender a alguien algo ligeramente diferente a la verdad. Imaginemos que esta persona va a contarle a otra lo que ha visto pero añade algún dato extra a la historia, alejándola un poquito mas todavía de lo que en realidad sucedió. Al pasar la historia por boca de, digamos, cinco personas, la historia ya se ha distorsionado tanto que no guarda prácticamente ninguna relación con lo ocurrido.
Si llega a oídos de alguien a quien no debe, esta persona puede decidir hacer algo descabellado en consecuencia a lo que le han contado. Una pequeña desviación a la hora de interpretar lo ocurrido ha hecho que alguien haga algo que, de otra manera, no habría hecho.
Fijémonos ahora en algo un poco mas serio: el tiempo atmosférico. Las leyes por las cuales se rige la meteorología son bien conocidas por la ciencia. Aunque pueda parecer mentira, la evolución del tiempo puede expresarse en tres simples y definidas expresiones matemáticas. Teóricamente, conociendo el estado del tiempo en un instante determinado, deberíamos ser capaces de conocer la predicción del tiempo en cualquier instante del futuro. Pero, si es así, ¿por qué son tan inciertas las predicciones meteorológicas? Porque estas tres ecuaciones conforman un sistema caótico. Al igual que en el caso del rumor, una pequeña desviación a la hora de medir, por ejemplo, la presión atmosférica en un lugar, puede llevarnos a deducir, a largo plazo, algo totalmente falso. Pero démonos cuenta de lo más importante; el tiempo no es un sistema aleatorio, es decir, el hecho de que mañana haga mal o buen tiempo, no es para nada cuestión de suerte. En cierta manera, el tiempo esta escrito.
Si fuésemos capaces de medir todas
las condiciones atmosféricas hoy con una precisión absoluta, seríamos
capaces de conocer el tiempo que hará durante todo el futuro de la
humanidad. Por suerte o por desgracia, eso es algo inalcanzable con la
tecnología de hoy en día.
Volviendo al proverbio chino, el aleteo
de las alas de una mariposa en Japón puede provocar un huracán en Cuba.
De todas formas, es necesario subrayar que puede ocurrir, pero, eso sí,
poniéndonos muy tremendistas. No vayamos a pensar que por estornudar en
un lugar se vaya a desarrollar un huracán en otro. Lo normal será que
la alteración desaparezca a los pocos centímetros. Para que se
desencadene una reacción caótica, han de darse las condiciones
propicias en todo el planeta. Es muy improbable, aunque posible.
Lo realmente interesante es que el caos aparece en muchas otras situaciones cotidianas. Las olas del mar, las formas del viento, el dibujo de un rayo en una noche de tormenta, la formación de un copo de nieve... todos son sistemas caóticos. A la naturaleza parece gustarle el caos.
Esta teoría esta totalmente aceptada en el mundo científico y se investiga seriamente en ella. Es muy pronto para aventurarnos a decir a dónde nos puede llevar el conocimiento de todos sus entresijos, pero diré que cuando Newton descubrió las leyes del movimiento, nadie imaginaba que, gracias a ellas, hoy en día nos moveríamos en coches o que se construirían naves espaciales. Caminamos un poco a ciegas, pero en fin, caminamos. Quién sabe a dónde llegaremos.
Escrito por Aitzol García