
Publicado el 18 de septiembre de 2007
Para el pobre nunca es día, decía mi santa madre. Bueno, no penséis que ya no está entre nosotros, sí que está, lo que ocurre es que este tipo de reflexiones ya no las procesa su cabeza. Toda la vida diciendo lo mismo y yo sin enterarme. ¡Qué razón tenía! Y qué bien me vienen ahora estos pensamientos; parece que ayudan a encajar mejor esas pequeñas dificultades o tropiezos de todos los días.
Hoy, sin ir más lejos, salgo de casa y, uno de mis primeros pasos cae perfectamente (más bien es abrazado) en una mierda de perro, de perro grande. Dos mujeres que se percatan del suceso me arropan y eso me reconforta. Pasado este incidente ya cerca del trabajo recuerdo que voy en la dirección equivocada. Había quedado para recoger un sobre en la otra punta del pueblo. Giro sobre mis pasos y rápidamente camino, ya estoy llegando cuando se me enciende la bombilla... ¡hoy es martes y había quedado para el miércoles! Vuelvo a girar, es tarde, me cruzo con caras largas, caras de pocos amigos, pero yo a lo mío, ya casi llego. Las dos mujeres de antes, que ahora ya son cuatro, siguen hablando y hablando. Llego a su altura cuando una de ellas espeta: ¡mirad, ésta es la pobre que ha pisado la mierda de perro! Y yo me pregunto: ¿por qué lo dice tan alto? ¿Para que lo oiga todo el mundo? Pues sí, lo ha oído todo el mundo y algunos se han reído. No se puede hablar tan alto, sobre todo cuando se trata de pasos equivocados.
Maria Eugenia Otero
Escrito por PASAIAN