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«A los artistas y a los talentos hay que abrirles puertas, mimarlos y darles ánimos en su labor»

Publicado el 05 de julio de 2006

«A los artistas y a los talentos hay que abrirles puertas, mimarlos y darles ánimos en su labor»

Natural de Miranda de Ebro y afincada en Antxo desde 1939, Altamira Puente es más conocida como Altita, diminutivo cariñoso con el que la llamaba su madre. Hacia 1959 se hizo cargo de la recién nacida biblioteca de Antxo, equipamiento cultural y abrigo de artistas en el que se volcó con ilusión e hizo crecer. Imaginó iniciativas (certámenes, exposiciones, conferencias) con las que logró sacar la cultura a la calle. A escasas fechas del 50 aniversario de la biblioteca, sigue reivindicando oportunidades para los talentos y derecho a la cultura para todos, y nos abre la puerta de sus recuerdos, aunque, según reconoce, no sin cierto pudor.


-El Certamen de Poesía Villa de Pasaia le ha brindado recientemente un reconocimiento, por haber sido usted quien propuso en su día el nacimiento de esta iniciativa, que ya ha cumplido veinticinco años.
Sí. Recibí una invitación personal de la alcaldesa para asistir, en la biblioteca de Trintxerpe, a la presentación de los libros que recogen las obras de los autores premiados en la última edición del concurso. No esperaba nada hacia mi persona. Cuando llegué, me encontré a todas las compañeras dándome su cariño y empezaron a hablar de mi labor. No sé ni cómo pude hablar. Estuve emocionadísima.

-Ese y otros muchos concursos culturales los impulsó desde la biblioteca de Antxo. ¿Cuándo y cómo asumió esas funciones de bibliotecaria? La de Antxo fue la tercera biblioteca en inaugurarse en Gipuzkoa, tras las de Eibar y Tolosa. Fue en 1957. Yo me hice cargo de la misma hacia 1959-60. Tenía contacto con el Ayuntamiento por otras cuestiones, de beneficencia y demás, y esta institución tuvo interés en que yo me ocupara de la biblioteca. Yo tenía relación sobre todo con Don Gerardo García Lesaga, el entonces secretario del Ayuntamiento y promotor de la biblioteca, que tenía mucha ilusión por este equipamiento. Compartía esa ilusión el alcalde, Don Andrés Aramendi. Ser bibliotecaria no era entonces un puesto de trabajo; se trataba de una propuesta sin beneficio económico. Cuando me hice cargo de la biblioteca, ésta estaba muy empobrecida, porque faltaban muchos libros. Además, el pueblo no disponía de locales para sus actividades. Ni la juventud, ni los mayores, ni las sociedades tenían locales. Noté un vacío y me planteé sacar la biblioteca a la calle e intentar estimular la participación de la gente. Empecé mi labor por los niños: concursos de pintura, alguno de redacción... Me recorría las escuelas, hablaba con las maestras... Participé en la apertura del comedor infantil de Trintxerpe. En aquella época ese distrito tenía un censo escolar de 1.200 niños. Y entre todo Pasajes llegábamos a los 4.000. Tomaban parte también en nuestros concursos otros grupos, como la escuela gitana de Igara. A la cultura debemos tener derecho todos, y a fondo perdido. ¿Qué pasa con el hambre en Africa? No hay que darles arroz; hay que ayudarles a cultivarlo. Que abran escuelas y bibliotecas, que den un futuro a la gente.

-En aquellos inicios, en Pasaia estaba todo por hacer... Fui organizando actividades y teniendo más trato con los jóvenes. Preparé la biblioteca para la reforma escolar conocida como PREU, recurriendo a los institutos para pedirles bibliografía. En la organización de conferencias y exposiciones, me ayudó mucho la Caja de Ahorros, que nos dejaba sus locales. Quería sacar el arte a la calle y llenar Antxo de pintores y otros artistas. Hoy día hay más conciencia, y ningún pueblo concibe no tener una biblioteca, pero entonces había que llamar la atención de la gente, salir, poner la cara, pedir subvenciones. Me tocó pedir mucho, pero me sentía muy respetada y escuchada. Muchas veces para las 8.00 de la mañana ya estaba en la Diputación para explicarle nuestras necesidades al diputado de turno. Siempre he dicho que, por pequeño que sea el puesto que te den, debes cogerlo con responsabilidad y con cariño. Fuimos haciendo cosas, hasta observar que habíamos movido mucho la pintura y el sistema infantil. Pero había otro vacío a llenar.

-Se refiere a la poesía. Hay muchos concursos de novela, pero muy pocos de poesía. Tengo la suerte de ser romántica y me entusiasmé con la posibilidad de un certamen literario de ese ámbito. Se lo planteé al grupo de amigos de la biblioteca. Había gente joven con muchas ilusiones y la idea cuajó. Los premios eran modestos y tuvimos que ver quién nos iba a editar los libros con las obras ganadoras, para que salieran baratos. Hemos tenido buenos poetas y el certamen tiene ya 25 años.

-Autores premiados en el Villa de Pasaia aseguran que este concurso ha sido un estímulo y una referencia para ellos. Muchos poetas han tenido la satisfacción de ver su obra publicada a través de este certamen. Y eso significa un primer peldaño. Hay que dar oportunidades a los autores, abrirles puertas, buscarlos, mimarlos... Quisimos impulsar la poesía en castellano y en euskara. El nombre del certamen buscó promocionar el pueblo. Villa de Pasaia: que se supiera que los pueblos no sólo se dedican a pescar, que la cultura también cuenta.

-En otro de los concursos que usted propuso, los niños debían escribir cartas a sus abuelos. Fue con motivo de mi última fiesta del libro en la biblioteca. Las mejores cartas recibieron ramos de flores para las abuelas.

-En marzo de 1985 se inauguraba la segunda biblioteca de Antxo, en su ubicación actual de la Casa de Cultura. En la primera época la biblioteca estaba en el edificio ahora derruido de la Tenencia de Alcaldía, en un local muy pequeño. Era muy necesario cambiar, pero costó mucho lograr la nueva biblioteca. He de decir que los alcaldes y tenientes de alcalde han sido fenomenales. Y la prensa y la Kutxa se volcaban. Cuando me retiré, la biblioteca ha sido ya un puesto de trabajo muy digno. Ha habido oposiciones y gente joven ha ocupado las plazas de bibliotecaria. La biblioteca de Antxo quedó con una buena existencia de libros y con un público muy seguro.

-Creo que prepara con cariño la conmemoración del cincuenta aniversario de la biblioteca antxotarra. Estoy recopilando el material de que dispongo sobre los inicios, para que, llegada la fecha, se pueda utilizar. Me gustaría que la conmemoración tuviera el eco suficiente.

-Su labor cultural de años le habrá dado posibilidad de conocer a mucha gente. El de bibliotecaria es un puesto de observación y también se es un poco confesora de los chavales. Por otra parte, he podido conocer a artistas, poetas, periodistas... Te enriqueces, porque recoges muchas opiniones. En mis propuestas me ha respondido gente muy buena, que se ha enamorado de la labor cultural. Félix Maraña, por ejemplo, siempre ha trabajado con mucha ilusión en el Certamen de Poesía. Y he conocido distintas generaciones.

-La vida ha cambiado mucho en estos años. Muchísimo. Y hay que cambiar con ella. Una persona mayor no debe pensar que ciertas cosas son de los jóvenes. Son de todos.

-En su jubilación, ¿mantiene aficiones relacionadas con la cultura? Cultura, moda, música... Participo en la medida de mis posibilidades. Y me gusta seguir la actualidad económica y estar informada. No puedes cerrarte por los años. Hoy día tienes muchas posibilidades. Hay que estar con la vida. Tengo muchos amigos jóvenes.

-¿Cómo observa el panorama cultural? Hay gente muy buena, pero encuentro que se investiga muy poco, comparando con otros lugares. Aquí tenemos cerebros y talentos, pero quizá haya pocas becas y se dé poca oportunidad a los estudiantes. No se debe coger a la gente por recomendación y dejar a los cerebros fuera. Es primordial apreciar a la persona en su conjunto, con sus valores, y no por su apellido. Por otra parte, en Pasajes siempre hemos tenido mucho movimiento musical, pero nunca un sitio adecuado al que poder traer un concierto o en el que poder hacer un concurso de danzas. Tenemos una música vasca preciosa y unos dantzaris maravillosos, quizá no lo suficientemente valorados.

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