
Publicado el 25 de abril de 2008
Ante la idea imperante de que el voluntariado está en horas bajas, en PASAIAN hemos querido profundizar en esta idea a través de algunos miembros de asociaciones de Pasaia que realizan labores no remuneradas.
Para Manolo Irixoa, secretario del Fato Cultural gallego Daniel Castelao, trabajar desinteresadamente por una comunidad es intrínseco a la naturaleza humana. Contribuye al desarrollo de la persona, «además de reportar satisfacción personal». Irixoa reconoce, sin embargo, que en la actualidad dicho desarrollo no puede completarse del todo, ya que choca en el camino con obstáculos, «derivados del individualismo y consumismo propios de una sociedad capitalista».
En esa misma línea, Luis Pérez, de Protección Civil de Pasaia, reconoce que «cada vez hay menos gente dispuesta a hacer ciertos trabajos sin cobrar». Sin embargo, no duda en resaltar a los mayores como uno de los grupos sociales más al alza a la hora de prestar ayuda. Por subrayar alguna iniciativa concreta, repara en el grupo de mujeres de la Pastoral de la Salud.
Muchos pasaitarras consiguen compaginar sus obligaciones profesionales con tareas más colectivas. Iñaki Pascual lleva años organizando salidas junto a su grupo, Jaizkibel Mendizale Taldea de Antxo. Para Pascual, el interés de estas excursiones radica en «el profundo respeto» que sienten por la naturaleza, y que les gustaría que «más personas sintiesen».
Lo mismo se aplica al ámbito de la cultura, aunque trabajar a favor de ella es «necesario, pero muy poco agradecido», en palabras de Arantxa Sagarzazu, responsable de la sección cultural de Itsas-mendi elkartea de Donibane. Sagarzazu lamenta que, a pesar del interés, apenas haya gente involucrada en proyectos culturales, «quizá porque los resultados no son palpables a corto plazo».
Complicado relevo
A pesar de este evidente descenso en el voluntariado joven que señalan los consultados, siempre hay matices. Luis Pérez, por ejemplo, resalta la labor de los grupos de tiempo libre.
Oier Álvarez, uno de los monitores de Boveda Gazte Taldea, dice ser consciente del bache por el que atraviesan los grupos como el suyo, pero que aun así su caso no es de los más graves: «Tenemos menos monitores que antes, pero eso no significa que Boveda no goce actualmente de buena salud». Sin embargo, Álvarez no oculta su preocupación, ya que cree que es «claro» que ni siquiera los grupos de mayor tradición se están librando de los avatares del cambio generacional.
Voluntarios por afición
Manolo Irixoa, por su parte, no cree que exista tanto desinterés entre los jóvenes. En este sentido, quizá el problema radique en el sentido más estricto del término “voluntario”, es decir, en el que se aplica sólo en los ámbitos tradicionales (DYA, la Iglesia...). Un rápido sondeo por las organizaciones culturales y deportivas pasaitarras demuestra que hay muchos jóvenes que invierten casi todo su tiempo libre en sacar adelante clubes, escuelas o formaciones sin cobrar un céntimo; una tarea que repercute directamente en el bien ajeno.
El mismo Oier Álvarez, entrenador del equipo femenino del Club de Remo Illunbe, es un claro ejemplo de cómo una afición personal puede ser beneficiosa para terceros. Los bertsolaris antxotarras Haritz Casabal y Mikel Salazar también se mueven por estas aguas, en su caso, asumiendo la difícil tarea de levantar desde cero la bertso eskola Ahobero +2.
Además, hay quien empieza a colaborar cuando es joven y después no lo abandona. Es el caso de Amaia Ripalda, coralista y actual secretaria de Ondartxo Abesbatza de San Pedro. Ripalda asegura que no se lo pensó dos veces para ayudar al coro: «A veces hay que trabajar bastante, pero no es algo que se haga a desgana. Al fin y al cabo, soy parte de Ondartxo, y me siento muy a gusto trabajando para mis compañeros».