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«Gomistegi es una ubicación magnífica para “Ancla”»

Publicado el 22 de agosto de 2008

«Gomistegi es una ubicación magnífica para “Ancla”»

Creada para el muelle de Buenavista, donde fue inaugurada en 1991, la escultura “Ancla para un puerto” luce poderosa en la rotonda de Gomistegi, a la entrada a Trintxerpe, desde el 19 de julio. Yacía en un rincón del puerto desde la reforma de Buenavista, y la sociedad Jaizkibia se ha hecho cargo de su reparación y reubicación, invirtiendo algo más de 76.500 euros. PASAIAN ha entrevistado a su autor, el prestigioso escultor sanpedrotarra Ricardo Ugarte.

-¿Cuál es su impresión al ver su obra en el nuevo emplazamiento?

Creo que el resultado es óptimo. Esta rotonda es un punto muy significativo como entrada a Trintxerpe y San Pedro, y una magnífica ubicación. Es muy amplia y la escultura no estorba la visibilidad. En su emplazamiento originario, del Avanzado, planteé la obra mirando hacia San Pedro. Cuando ya tienes una trayectoria, te hace ilusión tener una escultura en el entorno de tu pueblo. Mi relación con San Pedro, donde tengo familia y un montón de amigos, es entrañable.

-Esos amigos quisieron estar con usted durante la operación de colocación de “Ancla”.

Estoy contento porque mi cuadrilla estuvo allí. Además, ese día del montaje, gente que pasaba en coche pitaba y hacía gestos de aprobación. Y personas a las que no conocía me han parado estos días para felicitarme y hacerme algún elogio.

-¿Cómo fue la instalación de la pieza?

Salió todo muy bien. Quiero hacer una mención especial al ingeniero de Jaizkibia, Paco Alonso, que coordinó la operación. No tengo más que elogios para todo el equipo. El 18 de julio dejamos la escultura amarrada a la góndola donde debía transportarse. El 19, a las 7.00, empezamos el traslado y la colocación, que terminó antes de las 11.00. Fue impresionante ver la pieza, de 15 metros, de pie en la góndola. “Ancla” ha sido restaurada. Originariamente la pinté de rojo para que destacara en el puerto, y ahora estaba muy deteriorada.

-¿Qué le gustaría que simbolizara su obra en Gomistegi?

Como soy hombre de puerto de mar, de San Pedro, a lo largo de mi obra hay una serie de esculturas que hacen referencia al mundo del mar. Cuando creé “Ancla para un puerto”, estaba trabajando en una serie de anclas; ahora lo estoy haciendo en una serie de proas. Es un universo muy rico de formas y el autor no copia literalmente, sino que traduce a través de las características de su estilo. Cuando la Junta del Puerto me planteó realizar una obra, me hizo mucha ilusión, y propuse reproducir, a escala mayor, una pieza que hacía poco había enviado a la Bienal de Budapest con otros tres trabajos. Era un ancla que me gustaba mucho. En la bahía, “Ancla” recibía al barco que entra a puerto. Es símbolo de acogimiento a los navegantes. En la rotonda, ampliaría el significado como el ancla que se sumerge en un mar de amistad y cariño.

-Echando la vista atrás, ¿cómo recuerda el proceso de ejecución de la obra, en la década de los 90?

Fue duro. Realicé “Ancla” en los talleres Mendia y Murua de San Sebastián. Trabajaba con ellos desde que inicié la primera escultura de envergadura, “Estela”, de la Plaza del Centenario, en 1970. “Ancla” se fue haciendo por fases, porque una pieza de este volumen no sale entera de un taller ni pasa por ninguna calle. La escultura está fragmentada. Salíamos a las 5.00 de la mañana del taller e íbamos depositando un día una pieza y otro día otra, delante del basamento sobre el cual se iba a colocar la obra. Luego unimos como un puzzle la gran escultura. Fueron días en los que llovía de repente, por lo que los operarios tenían que tener cuidado con la soldadura eléctrica. Teníamos el hándicap de que había fecha de inauguración, el día de San Pedro. Recuerdo que no dormía; pasé muchos nervios.

-Defiende usted que «el ámbito natural de la escultura es el exterior».

Sí. Cumple una labor didáctica. La gente se habitúa a ver una escultura contemporánea y se le va acostumbrando la retina. Al principio dice: «¡¡Esto qué es!!», pero llega un momento en que la escultura se integra en su trama urbana, en su paisaje espiritual. Gipuzkoa ha dado la Escuela Vasca de Escultura. Pero, en este país nos falta cierto sedimento cultural, y a veces se necesita tiempo para valorar a quien se tiene en el entorno. A todos los niveles, no sólo a nivel plástico.

-Hablemos de Pasaia. El día de la colocación de la escultura, se le vio hacer alarde de su condición de sanpedrotarra; vistió una camiseta morada del 50 aniversario del Club de Remo.

El pintor sanpedrotarra Javier Baztarrika me consiguió la camiseta. Yo siempre hago gala de San Pedro. Nací en la calle Viuda de Passaman nº 1, enfrente del Bodegón de Jose Mari. Esa casa la hizo mi abuelo, Ricardo Zubiarrain, que era un casero que se metió a constructor. Mis padres vivían en Donostia pero, siguiendo la costumbre, mi madre fue a dar a luz a la casa de la familia.

-¿Y usted vivió algún tiempo en San Pedro?

No, no. No he vivido en San Pedro; nací allí y estoy bautizado en la Iglesia de San Pedro. Me crié en Gros, pero íbamos mucho a San Pedro. Me pusieron Ricardo por mi abuelo, al que yo tenía mucho cariño.

-¿Cómo ve la situación de Pasaia, con un proceso de regeneración pendiente?

Es un pueblo histórico y tiene unas dimensiones y unas características por las que se puede regenerar muy bien. Al margen del macropuerto (yo tengo aún ciertas dudas, pero posiblemente pueda ser una solución económica), hay otra zona fenomenal: la dársena de Trintxerpe, un espacio impresionante para un puerto deportivo. Aquí tenemos una vocación marina que no se puede llevar a cabo porque no tenemos dónde. No estamos hablando de una ostentación de grandes yates, sino de que mucha gente tendría su pequeño barquito. El puerto deportivo revitalizaría la zona. >para saber más sobre el autor, www.ricardougarte.net

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