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«El oficio de zapatero es familiar y hay que aprenderlo desde joven»

Publicado el 30 de junio de 2009

«El oficio de zapatero es familiar y hay que aprenderlo desde joven»

Es uno de los pocos representantes de su profesión que está en activo en nuestro entorno. Txomin Royo conoce desde la infancia la profesión de zapatero, que aprendió de su padre. De forma artesanal, en el mismo taller de Trintxerpe y con las mismas herramientas que tenía su padre, se dedica en cuerpo y alma a un oficio necesario que soluciona problemas básicos a las personas. 

-Hay muy pocos zapateros en activo en nuestro entorno. ¿Por qué es la suya una profesión que tiende a desaparecer? 

Es un oficio que es familiar. Pasa de padres a hijos. Cuando llega la jubilación, si el zapatero no tiene hijos o éstos no quieren seguir en el oficio, queda sin cobertura. Y es un oficio que lo tienes que aprender desde chaval para poder llevarlo adelante. En mi caso, sí he querido seguir la profesión de mi padre. En el momento en que terminé los estudios, mi padre, que tenía mucho trabajo, me dijo que necesitaba mi ayuda. Yo he vivido este mundo desde pequeño. Mi padre también tenía familia que se dedicaba a este oficio. 

-Porque, no hay escuelas en las que formarse en esta profesión. 

Aquí, al menos, no hay. Hace  unos años, yo estuve enseñando el oficio a varios hombres de Burgos, Vitoria, Bilbo y Santander. Durante unos meses estuvieron conmigo y les enseñé a arrancar, a manejarse en esta profesión. Pero esto se coge con la vida y la marcha. Y es un trabajo de bastante responsabilidad; te viene gente con zapatos por los que ha pagado mucho dinero y tienes que tratárselos muy bien.
   
-Usted repara el calzado de forma artesanal. ¿Qué cualidades cree que hay que tener para ser buen zapatero? 

Buena mano, claro. Y, de cara al público, tienes que ser agradable y diría también que un poco psicólogo. La gente viene con distintos problemas; les molesta el calzado en una zona del pie o en otra. Hay que procurar orientarles y solucionarles el problema de la mejor forma posible. Suelo hacer arreglos para personas a las que, después de una operación, les ha quedado una pierna un poco más larga que la otra. En esos casos, hay que hacerles un alza especial para nivelar la altura. Se me suelen presentar casos de ese tipo, que son más del área de la ortopedia.
   Y, por supuesto, te tiene que gustar la profesión. Además, creo que la experiencia que dan los años es importante; te hace saber por dónde atajar los temas. La experiencia te da libertad y tranquilidad. No hay cosa peor en un oficio que hacer algo sin tener la certeza de que se está haciendo bien. Por otra parte, en este trabajo la rapidez también es importante. 

-¿Es muy distinto su taller del que tenía su padre? ¿Las herramientas de trabajo han variado mucho en estos años? 

Mi taller es el que tenía mi aita. Y tengo las mismas máquinas y la misma herramienta que tenía él. En la mayoría de los aspectos, sigo trabajando como lo hacía él. 

-Y si le viniera alguien por la puerta a pedir, ya no que le arregle, sino que le haga unos zapatos a medida... 

En su día me tocó aprender también eso. Podría hacerlo, pero sería desviarme del trabajo de reparación que yo hago y sería difícil de compaginar. En Bilbo y en Eibar, por ejemplo, sí hay zapateros que hacen el calzado a medida, pero se dedican exclusivamente a eso. Tampoco es un servicio muy demandado en la actualidad, aunque puede dar solución a personas con problemas específicos, como pies muy grandes o temas de ortopedia.

-Tengo la impresión de que el acabado del calzado, en general, es cada vez de peor calidad. ¿Me lo puede corroborar? 

Sí, es verdad. Hay calzado mejor y peor. Pero ya puedes pagar mucho o poco por unos zapatos, que las tapas son iguales y tendrás que cambiarlas pronto. 

-Hay quien señala que, en épocas de crisis como la actual, la profesión de zapatero no se ve afectada. Si no se pueden comprar zapatos nuevos, habrá que arreglar los viejos. 

Algunos medios están diciendo eso de ésta y otras profesiones. Pero yo creo que es para desviar la gran problemática que hay con el tema de la crisis. Generalmente, cuando llueve, llueve para todos, aunque a algunos les afecte en mayor medida. Yo no estoy notando mayor afluencia de clientes en este momento. La gente trae a arreglar calzado bueno y también de peor calidad.

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